«Efecto Mozart»

De nombre original Joannes Chridtostomos Wolfgang Gottlieb Mozart (ya pensaron bien el nombre los padres), nació en Salzburgo el 27 de enero en 1756 y murió en Viena el 5 de diciembre en 1791.

Su padre era músico profesional y actuaba para el príncipe-arzobispo de Salzburgo (no podía ser o príncipe o arzobispo, sino un dos por uno, mucho mejor) como violinista y ayudante del director de orquesta. Era un hombre estricto pero que tuvo un peso constante en la vida del que tratamos hoy aquí.

Mozart empezó su educación musical en casa, con su padre. Antes de los cinco años ya aprendió a interpretar en el clavicémbalo (antecesor del piano) y al cumplir los cinco comenzó a CREAR (ya me hubiera gustado a mí). Él sólo aprendió a tocar el violín (antes de los siete años).  ¿Qué hizo su padre? Se lo llevó de gira por el mundo (vamos, que sacó tajada de él). Pero no todo es tan bonito como se lee porque el pobre niño estaba fuera de casa constantemente, se ponía enfermo y había guerras (como no)… Pero con diez años ya era un consumado intérprete y compositor.

Después de haber hecho un poco de cotilleo sobre Mozart, vayámonos a sus 25 años, en 1781 (hace 237 años, ¡madre mía!). En ese año compuso una sonata, la sonata para dos pianos en re menor  K448/375a. Me pongo en modo pianista diciendo que es la única obra de este señor para dos pianos y consta de tres movimientos: allegro con spirito, andante y molto allegro.

De repente, un día de estos cualquiera, esta pieza se empezó a investigar de forma científica. Sí, Mozart estudiado científicamente. Todo esto llevó al llamado «efecto Mozart» y pensaréis ¿esto qué narices es?

Bien, hablando en términos científicos: si una persona que padezca algún desequilibrio en la actividad eléctrica de las neuronas en alguna zona del cerebro y se le exponga a estímulos auditivos puede proporcionar una estimulación neuromodeladora de la actividad cerebral que podría reducir la actividad epileptiforme.

Así para que todos entendamos: aquí la que escribe que tiene epilepsia, si escucho a nuestro querido intérprete (la sonata a la que me he referido en concreto), puedo reducir mis crisis. Esto no es magia claro, escucho la sonata y mi epilepsia se va de vacaciones… va a ser que no. El estudio fue hecho con pacientes que estuvieron expuestos a la sonata durante todas las noches en un año. ¿Qué pasó? que hubo una reducción del 17% en sus crisis y mejor calidad de sueño.

¿Por qué Mozart? Empezó a componer muy pronto como ya he dicho y trabajaba sin parar, como se ha podido ver. Se le eligió al ver que su música era «cortical» (no hacía correcciones sobre el papel), componía TODA la pieza en su cerebro y luego la pasaba al papel (coser y cantar). Siempre se ha considerado que es el que mejor ha combinado melodía y armonía. Y en concreto ¿por qué esta sonata? Cuando se escucha se ve lo larga que es (si no te gusta la música clásica vas a irte a la compra) y muy repetitiva. Al parecer estas características son eficaces para mejorar la capacidad cognitiva (el procesamiento de la información).

Parece ser que he sido un poco Mozart, pero quería que supiérais quién era este gran compositor y qué hace a esta pieza grande. Ahora, si os apetece, aquí os la dejo. Para que la disfrutéis. Porque se lo merece.

ANDREA.

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